domingo, 7 de junio de 2009

El zoológico

Observaba a su hombre con sus penetrantes ojos de gata, dejándose envolver por palabras dulces, que llenaban su estómago de pequeñas mariposas. Luego, con la confesión de las mutuas fantasías, su cabeza femenina se inundó de pícaros ratones.
En la cama, se sintió tan libre como un animal al que le acaban de abrir la jaula. Por unos instantes, sus extremidades se convirtieron en los largos tentáculos de un fornido calamar, que envolvían al hombre para devorarlo. Aulló como una loba, lo rasguño como una perrita juguetona, voló como un colibrí y terminó acurrucándose en el pecho de su compañero, como un indefenso polluelo. A la mañana siguiente, con la puntualidad de un gallo cantor, abandonó la cama revuelta, imitando el silencioso andar de una serpiente.
- Te amo – dijo el hombre, mientras la observaba vestirse con la agilidad de una gacela.
- ¡Shhh! – respondió ella, como una lechuza, y le arrojó, desde la puerta, un beso de delfín.

jueves, 4 de junio de 2009

Monstruosos

I
Por motivos obvios, el conde Drácula ordenó tapar todos los espejos del castillo. Desde entonces, el joven Frankestein deambula por la guarida de los monstruos con tranquilidad.

II
“Debo aceptar que soy diferente”, piensa el Hombre Lobo, mientras aúlla, mirando el Sol, al mediodía.

III
- Entonces, ¿qué cara prefiere? – preguntó el cirujano plástico.
- La de Brad Pitt – respondió Frankestein.

IV
Ocasionalmente, la Momia se quita el arcaico vendaje y practica el nudismo. Es así como surgió el hombre invisible.

martes, 2 de junio de 2009

Una vida de película

Apenas transcurridos cinco minutos, Arturo se sintió identificado con el protagonista de la película, no sólo porque era físicamente muy parecido, sino porque todas las cosas que le sucedían al actor, le habían ocurrido antes a él. Luego, descubrió que la historia que mostraba la pantalla era un plagio de su vida, contada resumidamente, a razón de un año por minuto.
La mitad del film lo mostró en su etapa actual, con los sinsabores de haber vivido y la ansiedad por saber lo que vendrá. A partir de allí, pudo verse en el futuro, a través de las escenas representadas en el celuloide por aquel sujeto análogo, que envejecía igual que él.
Después del dramático final, el cerrado aplauso de los espectadores premió la exquisitez de aquella obra cinematográfica de apenas sesenta y cinco minutos. Mientras tanto, en un rincón oscuro de la sala, un acomodador intentaba consolar al desanimado Arturo que, junto con la incertidumbre acerca de su vida pendiente y de su muerte, acababa de perder la vergüenza de llorar en público.

lunes, 1 de junio de 2009

Las visitadoras

Descubrí que las muñecas de mi hermana cobran vida en la madrugada. Abandonan, delicadamente, la casita en miniatura de la habitación contigua y entran en la mía, semidesnudas, para colarse en el cajón de mis muñecos articulados. Hago silencio para no molestarlos y, con los ojos cerrados, escucho el sonido del plástico retorciéndose, galopante contra la caja de madera. Media hora más tarde, se retiran sonrientes y despeinadas, con su flexible cuerpo agotado y la misión cumplida.
El episodio se repite, indefectiblemente, noche tras noche, aunque hoy, promete ser diferente. Asomado a la puerta de mi cuarto, el alegre rostro plástico de la muñeca gigante que le obsequié a mi hermana por su cumpleaños, observa el grueso candado que coloqué en el cajón de los juguetes y me guiña un ojo. Todos duermen, excepto nosotros.

viernes, 29 de mayo de 2009

La carrera

Nuestra vida depende de la aleatoriedad propia del resultado de una corta y multitudinaria carrera, en la que, invariablemente, no resulta ganador el competidor más virtuoso, sino aquél que logra alcanzar, en menor tiempo, la meta del óvulo.

miércoles, 27 de mayo de 2009

El astronauta

Cuando era niño, soñaba con ser astronauta y enviaba mensajes al espacio exterior, atados en la cola de un cometa de papel, que dejaba volar libremente, al antojo del viento. “¿Hay alguien ahí? Quisiera conocer tu mundo”, escribí en una de mis notas.
Treinta años después, un ignoto ser extraterrestre logró descifrar el mensaje y decidió concederme el deseo, provocando un chispazo, que me hizo desfallecer. Al volver en mí, me descubrí sentado junto a la ventanilla de una extraña nave luminosa, observando como la Tierra se alejaba, para siempre, hasta desaparecer en el infinito.

lunes, 25 de mayo de 2009

Una demora imperdonable

Le aseguré que me reuniría con ella en aquel encuentro social tan importante, a las doce de la noche, sin demoras, pero un inconveniente imprevisto me impidió llegar a tiempo. Seguramente por eso, cuando me acerqué, ella ignoró mi presencia, o no quiso notarla. Le hablé al oído, la miré fijamente durante toda la noche, juguetee con las luces del salón, moví el humo de las velas y los inciensos, y hasta grité abiertamente que la amaba, para llamar su atención. Pero ella, sólo respondió con una extraña y cruel indiferencia. Me había advertido que no perdonaría un retraso más, y así lo hizo, por lo menos, hasta el día siguiente, en que vería mi nombre listado entre los obituarios, junto a la noticia que relataba el fatal accidente.

sábado, 23 de mayo de 2009

Las manchas que hablan

El asesino recorrió la escena del crimen, meticulosamente, procurando eliminar, con extremo cuidado, cada una de sus huellas digitales y los restos de ornamentos rotos que daban cuenta de la lucha, cuerpo a cuerpo, que acababa de tener lugar en el dormitorio. Luego, acomodó el cadáver de la víctima, intentando simular un suicidio o un accidente fatal.
- ¡Necesito ayuda, por favor! Acabo de encontrar el cuerpo de mi esposa cubierto de sangre. Creo que está muerta – dijo el viudo acongojado a la Policía, mientras observaba a la mujer sobre la cama.
A pesar de las precauciones del homicida, el detective demoró menos de tres minutos en descubrirlo. Solamente un verdadero idiota puede haber olvidado cambiarse la camisa que mostraba unas pequeñas manchas de sangre marcadas por los dedos de la víctima, como las que el detective descubrió, esa noche, dibujadas en mi espalda, apenas bajé a abrirle la puerta del departamento.

jueves, 21 de mayo de 2009

Esa bendita costilla

La herida abierta en su pecho dejó de doler cuando conoció los motivos de la extirpación, y cicatrizó, definitivamente, en el momento exacto en que la costilla transformada agradeció la donación, dándole al hombre enamorado el primer beso de amor.

martes, 19 de mayo de 2009

Una boda muy especial

Sin duda alguna, hoy será un día muy especial para mí. Tomaré del vestidor mi ropa más elegante y dibujaré, en mi rostro, la sonrisa más amplia que pueda conseguir. Seré testigo del casamiento de mi mejor amigo, que convertirá en esposa a la bella mujer que, desde hace dos años, visita mis sueños, todas las noches.

domingo, 17 de mayo de 2009

La maravillosa combustión

A decir por su apariencia, Jorge es un hombre insensible, incapaz de enamorarse. Sin embargo, ni siquiera él sabe que, en el rincón más íntimo de su alma frágil, una inmensidad de amor virgen está deseando manifestarse, como si fuera un enorme tanque de gas licuado, que espera, pasivamente, el instante exacto de la explosión. Lo que tampoco sabe, es que la chica que lo observa, con aquellos penetrantes ojos almendrados, será el fósforo encendido, que dará inicio a la combustión.

viernes, 15 de mayo de 2009

Las ausentes carcajadas

A los payasos que alegraron mi infancia

Una vez finalizado el último acto, el viejo payaso regresará a su sombrío camarín y guardará, prolijamente, sus pertenencias multicolores en la anticuada valija. En ese instante, verá caer una tibia lágrima por su mejilla, corriéndole el maquillaje. Antes de cerrar la tapa por última vez, envuelto en la nostalgia por los viejos buenos tiempos, que no volverán, colocará en la maleta las antiguas técnicas para hacer reír, que ya no funcionan con los niños del público, y tampoco con él.

La foto "Había una vez... un circo..." es propiedad de Christian Pereira y se publica con autorización del autor, únicamente para su exhibición en este blog.