En camino hacia el bufete de abogados, me detengo frente a un semáforo en rojo. Mientras un joven limpia la ventanilla de mi vehículo, rememoro la vehemente discusión que tuvimos con Raquel, en la que me lanzó un conjunto de reproches, por los cuáles hoy estamos embarcados en un arduo juicio de divorcio. ¡Qué necio fui! ¿Cómo pude hacerle una broma semejante?
Al extender la mano para darle una moneda al muchacho de la esponja, compruebo que aquel húmedo utensilio es idéntico al incluido en el set de limpieza que le regalé a Raquel por su cumpleaños, el día de nuestro último altercado.
Este relato fue presentado al II Concurso de Microrrelatos sobre abogados del mes de febrero de 2010, en el cual era obligatoria la inclusión de las palabras indicadas en negrita.
