viernes, 16 de marzo de 2012

Fin del juego

Cuando era niño, armaba guerras imaginarias con los soldaditos de juguete que le regalaban los mayores. Años más tarde, al conocer la verdadera historia de su vida, decidió prenderlos fuego.

Este microrrelato participa de la Convocatoria de "Minicuentos por la identidad II", organizada por Cuentos y Más.

20 comentarios:

Juan Ojeda dijo...

Y en ese momento (en esos momentos) uno vuelve a nacer, o nace.

Saludos del sur.

Carlos Galeon dijo...

¡Por suerte! Hay otros que seciden seguir jugando cuando se hacen mayores, y siguen creyendo que los soldaditos son de plomo, y no seres humanos.
Saludos, y buen fin de semana.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Un micro de narratividad tan ajustada que en menos de cincuenta palabras cuenta el drama intenso que atravesaron muchas vidas. Ha de ser muy doloroso descubrir el engaño.

Gran texto, Martín.

Un saludo.

mardelibertad dijo...

Decirte una gran reflexión....
un abrazo

Sergio Cossa dijo...

Una nueva vida, una nueva familia. La verdadera. Los demás eran de plástico.
Supongo que este micro va para "Minificciones por la identidad", en Cuentos y más.
Un saludo.

Alejo Z. dijo...

El cachetazo inevitable. El fuego de la conciencia.
Un abrazo Martín.

Enmascarado dijo...

Van en la naturaleza humana ciertos valores que aprendemos a usar al antojo y conveniencia.
Con todo ello, teminamos restándole importancia a la conciencia.
Buen micro Martín.
Saludos.

Melvin Rodríguez Rodríguez dijo...

Con esa primera oración son varios los relatos que se pueden sacar. Desde el que siguió jugando con soldaditos pero de verdad hasta el que se horrorizó por vivir en una guerra.

Deberíamos proponernos construir algo partiendo de esa primera oración, perfecto para comunicar el horror de la guerra.

Melvin Rodríguez Rodríguez dijo...

Con esa primera oración son varios los relatos que se pueden sacar. Desde el que siguió jugando con soldaditos pero de verdad hasta el que se horrorizó por vivir en una guerra.

Deberíamos proponernos construir algo partiendo de esa primera oración, perfecto para comunicar el horror de la guerra.

RECOMENZAR dijo...

Buenisimo Corto y bueno!!

HUGO JESUS MION dijo...

Es así. Las vivencias de la niñez marcan para toda la vida. Ojalá no haya tanta violencia en la raíz, para que después no broten guerras de las ramas. Muy bueno.

David C. dijo...

Así es la vida, uno crece y ya lo ve todo de otra forma.

Raúl dijo...

Un final muy coherente con ciertas biografías.

Rembrandt dijo...

Por suerte creció y pudo ver la verdad.

Abrazos
REM

Anónimo dijo...

hola: a mi me pasó eso! gracias! esta bueno darse cuenta de algunas cosas.
FEde

Martín Gardella dijo...

Juan, no sé si vuelve a nacer, pero seguramente es bastante parecido. Gracias por comentar! Un abrazo

Carlos, por suerte hay juegos mejores que los soldaditos. Gracias por pasar. Saludos

Pedro, muchas gracias. Me alegro que haya llegado a golpear. Un abrazo

Martín Gardella dijo...

mardelibertad, este micro fue escrito para una convocatoria sobre el tema, como excusa para la reflexión. Me alegra que te gustó. Gracias. Saludos

Sergio, así es. Hacia allá fue. Y salió publicado en un especial de Cuentos y más. Muchas gracias! Un abrazo

Alejo, un cachetazo duro, pero necesario. Gracias por pasar. Un abrazo

Martín Gardella dijo...

Enmascarado, muy buena reflexión. Muchas gracias por compartirla por aquí. Un abrazo!

Melvin, en mi infancia jugué con soldaditos, con la inocencia del que cree que una guerra puede ser divertida. Hoy, por suerte, ya son pocos los niños que creen eso. Me gusta tu propuesta. Ojalá esa primera oración sirva para generar mayor conciencia. Saludos!

Recomenzar, bienvenido al Living! Y muchas gracias por el elogio! Me alegra que te haya gustado. Saludos!

Martín Gardella dijo...

Hugo, comparto tu deseo. Espero que este micro aporte para que eso suceda. Muchas gracias! Un abrazo

David, eso también es parte de la vida. Tenés razón. Gracias por pasar. Un abrazo

Raúl, muy buen comentario, breve pero intenso, como este micro. Muchas gracias. Un abrazo

Martín Gardella dijo...

Rembrandt, nunca es tarde, por suerte. Gracias por comentar. Un beso

Fede, bienvenido al Living! Me alegra que te sintieras identificado con esta historia tan llena de esperanza. Te mando un abrazo