lunes, 6 de febrero de 2012

Un deseo sobre rieles

Cada vez que veía pasar un tren, siempre pedía el mismo deseo. 
Aquella noche, supo por fin que su aspiración se cumpliría. Se había encargado él mismo de encadenar a la mujer a las vías.

12 comentarios:

Sandro W. Centurión dijo...

genial, inesperadamente genial!

mardelibertad dijo...

Y el no se encadeno...?
Saludos

Sergio Cossa dijo...

Hay veces en que los deseos deben ser estimulados para que se cumplan :)
Cortito y efectivo. Muy bueno.
¡Saludos!

Leo Dolengiewich dijo...

Buenísimo!
La dosis justa de sorpresa final, esa "capacidad de llegar al final un segundo antes que el lector" de los buenos micros.
Abrazo.

Martín dijo...

Sandro, muchas gracias! me alegra que te haya gustado. Tu elogio me halaga. Un abrazo

Mar de libertad, bien lo hubiera merecido, no? Gracias por comentar. Saludos

Martín dijo...

Sergio, ningún deseo se cumple por sí solo. Hay que hacer algo para lograrlo. El hombre sabía eso, lamentablemente. Gracias por comentar. Me alegra que te haya gustado. Un abrazo y bienvenido!

Leo, quise sorprender en el final. Me alegra haber logrado el efecto. Gracias por tus palabras. Un abrazo!

Sara Lew dijo...

Muy bueno. Me imagino a la mujer encadenada deseando escapar, y sin poder hacer nada para que su deseo se cumpla...
Un abrazo.

Daniel Sánchez dijo...

brillante

Anónimo dijo...

jaja bueno

Martín dijo...

Sara, su deseo no podrá hacerse realidad. Qué pena! Saludos y gracias

Daniel, una alegría verte de nuevo por acá. Me alegra que te gustó. Un abrazo grande

Anónimo, me alegra que te hizo reír. Señal de que lo disfrutaste. Saludos

carlos de la parra dijo...

Salirse de la fantasía lo convirtió en asesino.
Abriste una ventana para que presenciásemos los mecanismos de la mente.
La verdadera libertad artística está en no pasar a la acción.
Permanecer dentro de lo supuesto y lo simulado.

Martín dijo...

Carlos, muchas gracias por este comentario tan claro y explicativo. Me gustó mucho. Un abrazo